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EL ABSURDO DEL
DOGMATISMO
¿Cómo puede una gota de
mar pretender que «posee» al
Océano?
A lo sumo, podrá sentir al
Océano en su interior, por estar hecha de
la misma esencia que el Océano: agua de
mar. O podrá, disolviendo sus fronteras
externas, disolviendo su minúscula
consciencia de gota, tomar consciencia
del Océano que en realidad siempre fue y
nunca dejó de ser.
El místico, el Despierto,
es la gota que renunció a ser gota y se
disolvió en el Océano, convirtiéndose en
Océano.
El dogmático es la gota
que, sin dejar de ser gota y de tener
consciencia de gota, cree estar en
posesión de la vastedad del
Océano.
Así podríamos explicar la
relación del místico y la relación del
dogmático con respecto a la Verdad, a esa
Verdad única y globalizadora que, por
estar más allá de nuestra capacidad de
raciocinio, es tan inaprensible como el
aroma de una rosa; esa Verdad que sólo se
puede «sentir», «vivir», y cuya fragancia
impregna al ser humano que se disuelve en
ella con aromas de Amor, comprensión,
benevolencia, tolerancia y humildad, y
con un sentimiento abrumador de
reverencia y asombro.
[...]
«El pensamiento crea una
división entre lo que es y lo
que debería
ser, y en esta división se basa la
moralidad; pero ni lo moral ni lo inmoral
conocen el Amor. Esta estructura moral,
creada por la mente para mantener la
cohesión de las relaciones sociales, no
es Amor, sino un proceso de
endurecimiento similar al del
cemento.»
Jiddu
Krishnamurti, filósofo y
místico nacido en la India
[...]
LA REVUELTA DE LOS
DEDOS
El día en que los dedos de
la mano tomaron conciencia de su
individualidad empezaron a discutir entre
ellos. El pulgar consideraba que él era
especial, por ser más gordo que los demás
y por estar orientado de un modo
diferente. El del medio pensaba que él
había sido siempre el más útil, por ser
el más largo y el que mayor capacidad
tenía para extenderse y recogerse. Por su
parte, el índice hacía alarde de su
agilidad y funcionalidad, mientras el
anular se jactaba de haber sido siempre
el más elegante, engalanado siempre con
anillos de oro, plata o piedras
preciosas. Por último, el meñique, el más
humilde, optaba por no hablar demasiado.
Al fin y al cabo, ¿de qué podría
vanagloriarse él, pequeño, delgado y poco
llamativo como había sido
siempre?
Pero los verdaderos problemas comenzaron
cuando, después de discutir y discutir,
los dedos tomaron la decisión de no
hablarse y llevar vida independiente.
Entonces, cada vez que la mano se
aproximaba a algo para agarrarlo, los
dedos no actuaban de acuerdo con lo
establecido en el principio de los
tiempos, y cada uno intentaba agarrar el
objeto por separado, esperando a que el
anterior fracasara, antes de intentarlo
el siguiente.
Así, llegó un momento en que el cuerpo
empezó a pasar hambre, dado que la mano
sólo podía llevarle a la boca aquellos
alimentos pequeños que podían apresar los
dedos por separado. Fue entonces cuando
el meñique, que se había pasado la vida
ayudando a lo que hacían los demás,
comentó:
—¿Qué tal si cada uno pone lo mejor que
tiene de sí y volvemos a actuar todos
juntos? De otro modo, terminaremos
pasando hambre todos.
Los demás dedos vieron que tenía razón, y
volvieron a comportarse según se esperaba
de ellos.
Desde entonces, el dedo meñique sabe por
qué él nunca tuvo habilidad especial
alguna que le hiciera
destacar.
VERDAD
Y
VERDADES
Al hilo del cuento
anterior, ¿cómo «agarrar» la Verdad con
una sola verdad?
O, dicho de otro modo, ¿cómo alcanzar el
Ser desde una única, excluyente y
estrecha visión y concepción de la
realidad?
Quizás tengamos que recurrir, una vez más
a los Despiertos,
para encontrar indicaciones del camino a
seguir:
«La relatividad nos enseña
la conexión entre las diferentes
descripciones de una y la misma
realidad.»
Albert
Einstein, físico y Premio
Nobel alemán
La Teoría de la
Relatividad no es solamente una teoría de
la física. El concepto de la Relatividad
se puede aplicar en todos los campos de
la realidad. Al fin y al cabo, la Teoría
de la Relatividad sería el descubrimiento
científico, dentro del campo de la
física, de «algo» que metafísicamente
ya existía.
Así pues, ¿por qué no aceptar la idea de
que las verdades pueden ser
relativas?
¿Podemos asumir la idea de una Verdad
Absoluta, una Verdad que no se puede
abarcar con el pensamiento, que sólo se
puede sentir, vivir, y que en el proceso
de intentar ponerle palabras y aplicarle
conceptos dé lugar a una multitud de
verdades relativas que pueden ser en
apariencia contradictorias, pero en
esencia Una?
Eso quizás explicaría por qué quien vive
esa Verdad Absoluta no ve contradicción
en las verdades relativas. De ahí, la
insistente coincidencia de los místicos
de todas las Tradiciones Espirituales al
decir que todas las religiones tienen un
mismo origen.
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